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domingo, 28 de marzo de 2010

¡VIVA EL DOMINGO DE RAMOS! POR ANTONIO BURGOS.

domingo, 28 de marzo de 2010 0
A San Fernando se la dieron con queso. Por eso se llama así el queso de bola, porque es un queso de engaño. San Fernando lleva en una mano la espada y en la otra, el queso. Que como es el queso de bola con el que se la dieron, tiene forma de globo terráqueo. Se quedaron con él los guasones de esta ciudad porque le dijeron que era el Patrón de Sevilla y que su día, el aniversario de la fecha en que la palmó entre las flores de los jardines del Alcázar, el 30 de mayo, la Fiesta de Sevilla. Mentira cochina. Claro que como San Fernando era de por ahí, de donde venían los dueños de las tiendas de comestibles, de los forasteros que se quieren pasar por sevillanos haciéndose del Betis como él se apuntó por boca de Silvio, por eso se lo creyó. Nada de eso es cierto.
Hoy, Domingo de Ramos, es la verdadera Fiesta de Sevilla. El verdadero Patrón de Sevilla es el Domingo de Ramos. Pero no Patrón en su acepción de protector escogido por un pueblo o santo titular, sino en el otro sentido: modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual, o metal que se toma como tipo para la evaluación de la moneda en un sistema monetario. Como la vara de platino que decían mis libros escolares de la Doctrina Cristiana que había en París para medir exactamente los centímetros de un metro cuando se adoptó el sistema decimal, así tiene Sevilla el patrón de bronce de esta mañana, que es la palma que en su mano lleva la Giralda. Para la Santa Juana siempre es Domingo de Ramos, porque siempre es Sevilla. La Santa Juana es la única sevillana que tiene el supremo gozo de poner todos los días la palma nueva del Domingo de Ramos en su balcón. Esa palma nos da la exacta medida de Sevilla. Que es una medida de luz, una medida de aire. Medida del tiempo detenido. La palma de Domingo de Ramos que tiene la Giralda es como la aguja solitaria del reloj por el que no pasa el tiempo. Se ve que Heráclito no vino nunca por Sevilla el Domingo de Ramos. Porque hoy te puedes bañar dos veces en el mismo río. Esta tarde, cuando pase por el puente, Triana, vida mía, puedes ver a La Estrella reflejada exactamente en el mismo río que el año pasado. En el mismísimo río que cuando La Valiente del año 32.
Hoy, precisamente hoy, además, uno como Heráclito, que no tiene ni pajolera idea de Sevilla, dice que hay que adelantar los relojes. Antié. Por nada del mundo. El Domingo de Ramos no hay que adelantar los relojes a las 2 de la mañana. Hay que pararlos, que no es lo mismo. Sevilla siempre cambia de hora el Domingo de Ramos. Coge el reloj de la Plaza, donde se citan los novios, o coge el reloj del diputado de Cruz de La Paz, y lo para: «Ahí queó». Lo que dicen que hacían los toreros cuando se abrían de capote y echaban la pata alante, lo hace el Domingo de Ramos, novillero que debuta el Jueves con caballos en Santa Catalina. Echa las manos abajo, los dos costeros a tierra por igual, y detiene el tiempo. Las horas. Y los años. Por eso todos volvemos a ser niños que pedimos cera. Y caramelos. Dicen que los nazarenos empezaron a dar caramelos hace muchos siglos para que los niños chicos no se asustaran al verlos. Los nazarenos le siguen dando caramelos a Sevilla para que no se asuste con el paso del tiempo, y por eso te dan la exacta seguridad de que hoy, en el mismo sitio, a la misma hora, puedes ver el prodigio de siempre, escuchar el sonido de siempre, oler las fragancias de siempre, sentir lo mismo, pensar lo mismo. Oh, maravilla del tiempo detenido. Cambian la ciudad, atentan contra ella, tratan de disfrazarla de Hannover o de Viena (sin manteca colorá), pero el Domingo de Ramos, Sevilla se rebela, lucha, triunfa. Vence. La Giralda es la Fe Vencedora. Sevilla eternamente vencedora.
Así que, sevillanos, cuando veáis hoy el primer nazareno, haced la solemne protestación de fe en Sevilla, gritando conmigo. «¡Viva el Domingo de Ramos! ¡Y que se mueran los feos!»

Y añado yo: Hasta dentro de una semana

lunes, 22 de febrero de 2010

ANTONIO BURGOS: "UN CIELO AZUL CARRETERÍA"

lunes, 22 de febrero de 2010 0
FUENTE: Antonio Burgos/www.abcdesevilla.es
FOTO: www.artesacro.org

Si quieren dibujar esta tristeza, pongan un cielo azul Carretería al caoba del Gólgota en Varflora. Si quieren dibujar Sevilla antigua, pongan cardos y garras de unos zancos. Que sean cuatro pájaros de presa, cetreros de un Calvario entre cornetas, con tambores que rufen primaveras «con la pena cabal de la alegría».
Si quieren detener un tiempo viejo con las flores de lises de San Telmo, miriñaques y encajes de la infanta, y levitas de médicos muy sabios con barbas de krausistas descreídos, y pintores de Corte fandangueros que retratan de majo al Sursum Corda, y vapores que van para La Habana, aprovechen el barco que ahora sale, galeón de caoba de los sueños.
Tiene por Capitán a un Cristo muerto. La amura del costado te deslumbra con esa Luz de Tres Necesidades, escala, mármol, sábanas de Holanda, que una Virgen del barrio va pidiendo y que el sol de la tarde ya le entrega. Sol que llega de un muelle con sirenas de vapores que bajan a Sanlúcar, de goletas que van a Nueva España, de naranjas que son para Inglaterra: las lleva un bergantín donde enarbola la bandera de un seise la Giralda.
En este viejo barrio tonelero donde tiene su Acera la Marina y el Áncora una calle que fondea arenales de Pali y Baratillo, el Cristo capitán del Viernes Santo, de ese barco que al golpe de un martillo levanta una emoción de muchos nudos, de tantos como tiene la maroma de oro viejo que ciñe sus amuras...
El Cristo capitán que manda el barco, ese sueño que encuentras cada Viernes, con su tripulación de Nicodemus, consignatario un tal Arimatea, el práctico del muelle en negro terno lo saca del tinglado sin rozarlo...
El Cristo capitán, venía diciendo, esta tarde en Sevilla desembarca. Y navega otros mares, conocidos. Sus pies clavados echa a nuestra tierra, al albero solemne de los toros, al serrín de fandango en las tabernas, al mármol de columnas de las Gradas, al adoquín que suena con los cascos de las mulas de un carro de Aramburu, al mantillo de rosas que florecen en el jardín cerrado de Mañara.
Cristo en la tierra está, Crucificado. Ha bajado del barco carretero y recorre estas calles marineras: Techada, Antonia Díaz, Adriano, Almirantazgo, Arfe, Dos de Mayo. Y la que lleva el nombre de Pavía, que recuerda al perol de Isabelita y al papelón de estraza donde Juana, de la estirpe más noble del Postigo, escribe pergaminos de grandeza del Arenal, más grande que de España.
Por la puerta que el barrio le abrió a América ya pasa el Capitán, llevado a hombros. Así sacan aquí a los toreros. Tres orejas cortó con su faena, allá en Jerusalén, que es buena plaza, pues cuajó el negro toro de salvarnos.
Son de hombres, de hombros, estas olas que el Cristo carretero va rompiendo. Aunque sin galeón en esta tarde, sin caoba ni nudos de maroma, el Arenal lo embarca ahora en su gloria. Conoce cada hombro que lo lleva. Se sabe tu apellido y tu memoria, el tramo donde siempre arde tu cirio, tu arpillera cargando en la segunda, de costero, en la amura de su barco.
Los cierros y balcones los conoce el Cristo que navega hoy con su gente. Sus lágrimas ha visto tantas veces... El padrenuestro ha oído tantos Viernes... Esta oración que ahora le dirigen le suena tan de siempre, tonelera... La noche cuaresmal no lleva lirios, ni tambores, ni suena una saeta. Lunes por el Postigo. Como entonces. Cristo de la Salud, mi Carretero, permíteme que rece tu plegaria en este Vía Crucis que es la vida: «Salud, Señor, Salud, mi voz ansía, /prométeme que al fin de lo vivido /me espera un cielo azul Carretería».

domingo, 17 de enero de 2010

ANTONIO BURGOS: "AY, QUÉ DOLOR, JOSÉ TOMÁS NO VIENE"

domingo, 17 de enero de 2010 1
Fuente: www.abcdesevilla.es 17/01/2010

Por si fuera poca la crisis; por si fuera escaso el número de parados; por si fueran contadas las empresas que pegan el barquinazo y excepciones los negocios que cierran, como las desgracias nunca vienen solas, la triste noticia, que presagiaban los más pesimistas, acaba de confirmarse. Que le pongan crespón negro a la Giralda. Me aseguran, ay, que cuando salgan los carteles taurinos de la Feria de Abril, José Tomás no estará en ellos. Qué dolor más grande.

—¿Y qué va a ser de la Feria de Sevilla sin José Tomás?

Eso digo yo. ¿Por qué cree usted que le estoy contando la triste noticia con lágrimas en los ojos y por qué cree que si tengo ojeras esta tarde no es por el soneto de Rafael de León, sino porque no he pegado ojo en toda la noche, pensando precisamente esa cuestión por la que usted me pregunta? Que no es la pregunta del millón, como puede imaginar. Tratándose de José Tomás, un millón siempre es poco para una pregunta. Y para todo. La pregunta tiene que ser de muchísimo más del millón, con uno que trague por delante, otro que no le haga sombra por detrás y toros del Núñez del Banquillo, como les decía mi catedrático de Gramática Parda don Miguel Criado Barragán, el ilustrísimo Potra. Ah, y sin televisión, que los toros no son Belén Esteban, joé, para que salgan por la tele y le gente se fije en lo que no debe.

En Sevilla no se habla de otra cosa. La adversa novedad ha sido lo más comentado en la europea Reunión Informal (porque no hay formalidad ni vergüenza) de Ministros de Medio Ambiente. Llegó el italiano y le preguntó al francés:

—¿Es cierto lo que me han comentado en el hotel, que José Tomás no viene a la Feria?

Y el franchute:

—Se lo voy a preguntar a mi embajador en Madrid, el que más sabe de José Tomás. Y si me lo confirma, Europa debe presionar para que Canorea suelte la morterá y no ocurra esa desgracia. Encima de lo de Haití, lo que nos faltaba era esto.

Hay en Sevilla en estos días una general tristeza que se palpa en la calle. Nadie está para bromas. Entras en un bar y ves a la gente seria, tan callada que sólo oyes el tintineo de las cucharillas dando vueltas al café mañanero. Le preguntas al camarero la causa de la aflicción y te responde con sorpresa:

—¿Ah, pero usted no se ha enterado de lo de José Tomás?

Las peñas de amigos que ponen caseta, otros años ilusionadas con los preparativos, andan indolentes, desganadas. Es natural. Sin José Tomás, la Feria no será igual. Tendrá una alegría forzada, de puro compromiso, para cubrir el expediente. Hay quien al saberlo ha decidido ya no enganchar, como de luto por un torero, por el salvador de la Fiesta Nacional, por el centinela incansable de la Tauromaquia, por el valedor impagable (y tan impagable) de las esencias patrias. ¡Ay, Dios mío, qué pena más grande!

¿Serán negros los farolillos del Real este año? Yo los ponía de ese color, de luto ante calamidad tan irreparable. ¿De qué va a servir que la plaza del Arenal estrene su nuevo Sol Alto, sin que toda incomodidad tenga ya su asiento en las gradas, si desde las funcionales localidades no va a poder admirarse la excelsa gloria de José Tomás con la taleguilla rota, el chalequillo destrozado, la camisa hecha jirones, rebozado de albero y chorreando sangre, que es lo más armónico y estético que se despacha en el arte del toreo? Cuando se fue Curro, muchos prometieron no volver más a la plaza. Lo de Tomás es peor. Curro ya no está ni se le espera. Pero Tomás está y, ay, no se le espera. No hay derecho. Por si fuera poca la crisis, ahora esta desgracia nacional.

(José Tomás no viene a Sevilla. Bueno, ¿y qué? ¿Usted es acaso de la reventa o algo? Ahora sí que de verdad No Passsa Nada.)

lunes, 26 de octubre de 2009

SOLEARES (TRIANIZADAS) DE TRIANA

lunes, 26 de octubre de 2009 0
ANTONIO BURGOS
Diario ABC, 26/10/2009

Desde que una madrugada de Domingo de Ramos, recién vuelto a casa con los pies rotos pero con el alma descansadísima, la escuché por el transistor, en vivo desde la calle San Jacinto, en las retransmisiones cofradieras de Canal Sur Radio, siempre me encandiló la voz «trianear», que creo inventó el capataz Vizcaya en la hermandad de La Estrella. Tanto me impresionó ese verbo, que en un solemne discurso que tuve que dar una vez sobre asuntos de Semana Santa, me atreví a rimar una definición de esa voz según el Diccionario nada académico de los recuerdos del paso de Cristo de La Estrella viniendo hacia Sevilla por el puente, con el izquierdo por delante y con ese trianero bamboleo que, río abajo, me evoca el paso de horquilla de los cargadores gaditanos. Me atreví entonces a preguntarme qué era trianear, pensando en el Señor de las Penas de la cofradía de La Estrella, y Triana sola me dio el cante:

¿Que qué es trianear?

Pues que un Cristo hasta sentao
ande sobrao de compás.

Al alcalde seguramente le tiene que pasar como a mí con el verbo trianear: que le encanta. O más todavía, porque el alcalde trianea tanto que hasta vive en Triana. Cuña de la misma madera, pues, la que le va a hacer la puñeta a Triana, poniéndola literalmente patas arriba con tanto cambio nadie sabe por qué ni para qué, como no sea para dar por saco a sus convecinos y para complacer al socio de gobierno que se ha convertido en el dictador de Sevilla con sólo 25.772 votos y que se llama Antonio Rodrigo Torrijos, por si no está claro. (Yo creo que el alcalde hasta tiene síndrome de Estocolmo con Torrijos y todo.)

¿Pero es lo mismo trianear que trianizar, que es como llama el alcalde a hacer la puñeta al Arrabal y Guarda que estaba divinamente como estaba? No sé. ¿Ha querido el alcalde decir «trianear» en vez de «trianizar»? ¿Y qué es trianizar? Niño, ponme la cejilla en la primera del puente y vamos a ver si nos aclaramos por soleares (trianizadas) de Triana, y así vemos de paso
cómo andamos de compás:
¿Que qué es trianizar?/Ponerla como a Viena/ (con manteca colorá).
¿Que qué es trianizar?/Disfrazarla de Estrasburgo,/ disfrazarla de Milán.
¿Que qué es trianizar?/ Pues la calle San Jacinto / hacerla peatonal.
¿Que qué es trianizar?/ Poner de Porcelanosa / Cerámica Montalbán.
¿Que qué es trianizar?/Poner a las viejas fraguas/bombonas de campingás.
¿Que qué es trianizar? /Que con coche al Altozano/no haya forma de llegar.
¿Que qué es trianizar?/Poner carril-bici al puente,/no banderas de Velá.
¿Que qué es trianizar?/Cuando protesta la gente/decir que no valen ná.
¿Que qué es trianizar?/Decirle a los comerciantes/que se tienen que callar.
¿Que qué es trianizar?/Poner más callá que al Mudo/a Triana en general.
¿Que qué es trianizar?/Quitar los aparcamientos / y no haya donde aparcar.
¿Que qué es trianizar?/Que ahora sea contramano/lo menos medio arrabal.
¿Que qué es trianizar?/No saber ná de Triana/pero quererla cambiar.
¿Que qué es trianizar?/Cambiar hasta las paradas/del autobús de Tussam.
¿Que qué es trianizar?/Imponernos por cojones/su modelo de ciudad.
¿Que qué es trianizar?/ El Bar de las Golondrinas/dejarlo en un mueble-bar.
¿Que qué es trianizar?/Al Caballo de Triana/ponerlo a rejonear.
¿Que qué es trianizar?/Pues que ahora el Patrocinio/sea el Esponsorizar.
¿Que qué es trianizar?/Comprobar que los comercios/van a tener que cerrar.
¿Que qué es trianizar?/Decirle como a Lopera:/ «Venga, alcalde,/vete ya».

martes, 20 de octubre de 2009

HASTA LOS COJONES. VIVA TRIANA

martes, 20 de octubre de 2009 0




"EN TRIANA SI PASSSA ALGO"
Antonio Burgos, Diario ABC 20/10/2009
Con razón dicen que Triana es diferente. Triana es otra cosa. Ayer se demostró. En la Sevilla que calla, en la Sevilla que otorga, en la Sevilla cobardona del silencio y del aquí me las den todas, en la Sevilla del «¿para qué se mete usted en eso, si total...?», Triana se echó a la calle. Movilizada por una asociación vecinal con nombre de copla: Plataforma Trianera. A ese octosílabo redondo de «Plataforma Trianera» le enganchas unos cuantos versos detrás, como la jardinera del tranvía cuando pasaba por la calle San Jacinto camino de Coria, y te sale un pasodoble tan rotundo que tiene que venir a cantarlo una de las niñas del «Se llama copla». Y si lo dudan, vean y escuchen, con la música que cada uno le ponga por dentro, pues los versos la llevan puesta:

Plataforma Trianera,
mira qué pena,
ay, qué tormento.
Plataforma Trianera,
me desespera
el Ayuntamiento.
A la calle San Jacinto,
ay, se la quieren cargar,
convertirla en laberinto
de zona peatonal.
Triana de los corrales,
Triana de la Velá,
vas a decir lo que vales
a quien te quiere matar.
Y Triana se levanta
de la Cava al Altozano,
y dicen diez mil gargantas
del arrabal soberano...
Dicen que es mucha Triana,
mucha fragua y mucho cante
para que no se levante,
al revés que el sevillano.
El que al otro lao del río
va y se conforma con tó,
y lo saben estos tíos
que buscan su destrucción.
Que a Sevilla los ciclistas
me la hicieron de carril
lo saben los socialistas,
lo sabe Monteseirín,
que se aguanta con las setas,
setas de la Encarnación,
y no manda a hacer puñetas
como Triana mandó
la bimba y la bicicleta,
la bicicleta y la bimba,
y al tío de la Cachimba,
la madre que lo parió.

Vamos, que tú cantas esto en «Se llama copla» y María Jiménez e Hilario te pasan a la final. En esa final de la ciudadanía levantada, de la voz de la sociedad civil que dicen que no existe en Sevilla, pongo yo ahora a Triana. Y añado una acepción al verbo «trianear» que acuñó el capataz Vizcaya junto a ese Cristo de las Penas que hasta sentao anda sobrao de compás. «Trianear: no callarse como hace el resto de los sevillanos y protestar porque quieran hacer peatonal la calle San Jacinto sin tener en cuenta lo que piensan sus sufridores vecinos y comerciantes, así como los trianeros que por allí tienen el camino más corto para ir a Sevilla».
Me preguntaba una vez que dónde empieza Triana y dónde acaban Los Remedios. No es por donde están la cocina gitana de Valapié, las bocas de la Isla de Mariscos Emilio y la estatua de Rodrigo de Triana, me parece que todavía con el dedo roto, el dedo que precisamente apuntaba a América. Triana empieza donde acaba la resignación tragona y cobardona de Los Remedios.
—¿Con Los Remedios se va a meter usted ahora, con la cantidad de lectores que tiene allí?
Con Los Remedios me meto, tras la protesta trianera. ¿Usted tiene noticia de que en Los Remedios, aunque esté agonizando, aunque le hayan hecho la jangá máxima de la calle Asunción, se haya levantado alguien, se hayan echado a la calle en manifestación? Cuatro carteles locos en siete balcones de la calle Asunción y cuatro comerciantes con valentía y vergüenza es lo que hubo, y pare usted de contar. El trabajito que les costó a los pocos que protestaban que la gente firmara en los pliegos... Y con la calle Asunción, claro, hicieron lo que quisieron. Ante el silencio del propio PP, que, claro, no va a protestar en nombre de sus votantes de Los Remedios, porque les van a decir que nada más que se ocupan de los barrios pijos, ellos sólo se ocupan de los bancos que faltan en Bellavista.
Y, en cambio, ahí tienen a Triana en pie, excepción que confirma la regla. En Sevilla, ya se sabe: No Passsa Nada, y así nos va. Menos mal que en Triana Sí Passsa Algo.
Fotos: ABC

martes, 23 de junio de 2009

UNA PAPELETA DE SITIO

martes, 23 de junio de 2009 0
"Días faltaban sólo para que el Cachorro volviera a expirar a la altura exacta del puente de Triana, que muriendo va en el madero trianero, pero que donde le empieza a faltar el aire, y la muerte le llega, es cuando deja el barrio. Que de Triana, del humo de los alfares y de los tejares de la Vega, sale un Cristo vivo y a Sevilla le llega muerto, después de haber caminado otra vez sobre las aguas de areneros y gente de la sirga, de camaroneros y carpinteros de ribera, de valentones de la colla y gallegos del muelle de la sal.
Días faltaban sólo para que Triana volviera a Triana, a la certeza común de la memoria, esa mañana de globos y lepantos en el Altozano cuando vuelve la Esperanza a la que el aire le sigue cantando una saeta del Pópulo. Días faltaban sólo para que el que en Pureza vivía, a hablar volviera con uno que estaba de dependiente con los Alés, en la calle Castilla. Días faltaban para que al sombrero ancho de Astolfi se le escapara una lágrima rociera en el Altozano, y para que todos, en la mañana de la Esperanza, hicieran trianera profesión de esa fe que da el haber sido bautizados en la pila de Señora Santana.
Si Sevilla estallaba en azahar aquellos días, Triana cogía el ancla de los puertos que la hace tan marinera cuando llega la Semana Santa y de una banda a otra del río de nuevo tiende el puente de barcas a la mareíta de gente, guapa, guapa, guapa, camino de Sevilla detrás de la Esperanza.
Y fue que un hombre de Triana, a solas con la vida, que todo en ella lo había sido y que la muerte acercarse veía, tuvo un arrebato que, como los remolinos del río que se llevaban la flor de los muchachos ahogados, a él también se lo llevó, cuando estaba lejos del barrio, en el silencio de la tarde que caía en un cortijo. Mucho se ha hablado en Triana de la tarde que expiró el gitano aquel al que Cachorro llamaban y que a un escultor inspiró para hacer trianero a Cristo; tan trianero, que en cuanto deja el barrio le falta el aire y muere. Pero poco se ha hablado de esta otra muerte trianera, de un hombre que todo lo tenía, y que todo lo había sido; un hombre que creció en un corral de la calle Castilla y al que una tarde, como al Cachorro, el aire del barrio le faltó y buscó la muerte.
Y fue que los viejos trianeros que de niños habían sido monagos en Santa Ana y que ahora estaban colocados en el cielo de aprendices de San Pedro, que talmente les parecía don José Arroyo Cera, vieron llegar a aquel hombre, que del barrio conocían. Desde las barandillas de la gloria trianera habían visto un cortijo, y una pistola, y la rebelión del ángel que tanta belleza había creado con los pies rencos sobre el albero. San Pedro, que también lo había visto, les dijo a los antiguos monagos:
-Niños, a ese vecino vuestro no lo vais a poder dejar entrar...
Pero los monagos, sinvergonzones y fisgones como el oficio obligaba, habían quincado que aquel hombre, en la soledad del cortijo y la pistola, tenía la papeleta de sitio del Cachorro. Y uno de ellos, que de chico había querido ser novillero, en el Altozano de la gloria fue y le dijo:
-Déme usted la papeleta de sitio, maestro, que esto se lo arreglo yo; lo que trae usted ahí es como una entrada de oficio...
Y fue el monaguillo sinvergonzón y le enseñó la papeleta de sitio del Cachorro a San Pedro. Y San Pedro, en viéndola, lo dejó entrar, y en una manigueta del Cachorro lo dejó ya para siempre, eternamente en la calle Castilla. En aquella papeleta de sitio venía su nombre: Juan Belmonte".

Antonio Burgos. Recogido en el libro "Sevilla en cien recuadros"

jueves, 4 de junio de 2009

EL NACIONALISMO TRIANERO

jueves, 4 de junio de 2009 0

Triana es siempre la excepción que confirma la regla de Sevilla. Sevilla se miró en el río y salió ese sueño al que llamamos Triana. Todo lo que le falta a Sevilla lo tiene Triana. Sevilla no tiene mar, por eso Triana le puso el río. Sevilla no hizo la revolución industrial, por eso se pusieron a echar humo las chimeneas de los tejares. En Sevilla nunca mandó la burguesía, por eso Triana estuvo en manos de comerciantes e industriales, la rebotica de Aurelio (léase Urelio) en el Altozano tenía mucho de conspiración de una gloriosa revolución para declarar al barrio cantón independiente, poner una barricada de avellanas verdes en el Altozano y proclamar a los cuatro vientos del universo: "Viva Triana con honra". A Triana le queda un nacionalismo sin fronteras que se afirma en cuanto pasa el puente o llega a la primera parada del autobús de Los Remedios. ¿De dónde es usted? De Triana. ¿Y eso donde está? En todos los centros de la Andalucía del mar, pero tierra adentro, barro adentro, forja adentro, almona adentro. Sólo con las ideas de su nación trianera muy claras puede el trianero, cada mañana, despedirse de su mujer como el que se va a la guerra o al finibusterre: "Adiós, niña, que voy a Sevilla... ".

Antonio Burgos

Texto publicado en "25 viejas postales de Triana", edición del Ayuntamiento de Sevilla y la Comisaría de la Ciudad de Sevilla para 1992. Madrid, Ediciones Tabapress, 1992

 
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