Tan rotundo Morante, como la rotundidad de la Giralda. No hubo oreja y que más da, yo ni saqué el pañuelo, “pa” qué. Lo hecho, hecho estaba. Ni orejas ni palabras hay para Morante. Simplemente llegó a la Plaza hizo su trabajo y se fue aclamado como Emperador del Toreo que es.
Pon fin apareció el verdadero valor, sin tapujos, sin mentiras y sin querer engañar con alardes baratos.
Las suelas de sus manoletinas se fueron oliendo a romero, porque en 12 minutos de faena a un toro, que ni merece llamarse toro, volvió loca a la Catedral, como la Catedral se volvió loca cuando la pusieron al “lao” de la Giralda.
Lastima me dan algunos de sombras, el dinero y la corbata, en muchos casos hace insensible a las personas, de pena.
Suspira el azahar. Como suspiró el viernes pasado el Cachorro por el puente de barcas.
Como suspiraba la Macarena entre la risa y la pena por la Alameda.
Pá suspiros los de la Estrella por el Postigo y los, suspiros, verdes de la Virgen del Valle.
Entre suspiros y lágrimas estuvo el Lunes Santo, una pena.
Suspiros dormidos el de la Buena Muerte en el Paraninfo y el del Calvario, cuando suspira la noche de pena porque no quiere irse de su vera.
Suspiraba agobiado el Cirineo, que vive al final de la Cuesta del Rosario, por el peso de la cruz y la estrechez de Placentines.
Entre suspiros y suspiros del azahar, expiraba la Semana Grande una vez más. Pero, al final de ésta, cuando aún se escuchaba el eco de los crujíos del paso de los Toneleros, por los callejones del Arenal, en el Baratillo, Suspiros de España para un cigarrero de nacimiento, no de corneta y de tambor, que fue derramando primavera en cada paso sobre el albero y hasta derramó flores en un muletazo. Lla tarde en que en Hispalis resucitó el Señor y el Toreo.
A San Fernando se la dieron con queso. Por eso se llama así el queso de bola, porque es un queso de engaño. San Fernando lleva en una mano la espada y en la otra, el queso. Que como es el queso de bola con el que se la dieron, tiene forma de globo terráqueo. Se quedaron con él los guasones de esta ciudad porque le dijeron que era el Patrón de Sevilla y que su día, el aniversario de la fecha en que la palmó entre las flores de los jardines del Alcázar, el 30 de mayo, la Fiesta de Sevilla. Mentira cochina. Claro que como San Fernando era de por ahí, de donde venían los dueños de las tiendas de comestibles, de los forasteros que se quieren pasar por sevillanos haciéndose del Betis como él se apuntó por boca de Silvio, por eso se lo creyó. Nada de eso es cierto.
Hoy, Domingo de Ramos, es la verdadera Fiesta de Sevilla. El verdadero Patrón de Sevilla es el Domingo de Ramos. Pero no Patrón en su acepción de protector escogido por un pueblo o santo titular, sino en el otro sentido: modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual, o metal que se toma como tipo para la evaluación de la moneda en un sistema monetario. Como la vara de platino que decían mis libros escolares de la Doctrina Cristiana que había en París para medir exactamente los centímetros de un metro cuando se adoptó el sistema decimal, así tiene Sevilla el patrón de bronce de esta mañana, que es la palma que en su mano lleva la Giralda. Para la Santa Juana siempre es Domingo de Ramos, porque siempre es Sevilla. La Santa Juana es la única sevillana que tiene el supremo gozo de poner todos los días la palma nueva del Domingo de Ramos en su balcón. Esa palma nos da la exacta medida de Sevilla. Que es una medida de luz, una medida de aire. Medida del tiempo detenido. La palma de Domingo de Ramos que tiene la Giralda es como la aguja solitaria del reloj por el que no pasa el tiempo. Se ve que Heráclito no vino nunca por Sevilla el Domingo de Ramos. Porque hoy te puedes bañar dos veces en el mismo río. Esta tarde, cuando pase por el puente, Triana, vida mía, puedes ver a La Estrella reflejada exactamente en el mismo río que el año pasado. En el mismísimo río que cuando La Valiente del año 32.
Hoy, precisamente hoy, además, uno como Heráclito, que no tiene ni pajolera idea de Sevilla, dice que hay que adelantar los relojes. Antié. Por nada del mundo. El Domingo de Ramos no hay que adelantar los relojes a las 2 de la mañana. Hay que pararlos, que no es lo mismo. Sevilla siempre cambia de hora el Domingo de Ramos. Coge el reloj de la Plaza, donde se citan los novios, o coge el reloj del diputado de Cruz de La Paz, y lo para: «Ahí queó». Lo que dicen que hacían los toreros cuando se abrían de capote y echaban la pata alante, lo hace el Domingo de Ramos, novillero que debuta el Jueves con caballos en Santa Catalina. Echa las manos abajo, los dos costeros a tierra por igual, y detiene el tiempo. Las horas. Y los años. Por eso todos volvemos a ser niños que pedimos cera. Y caramelos. Dicen que los nazarenos empezaron a dar caramelos hace muchos siglos para que los niños chicos no se asustaran al verlos. Los nazarenos le siguen dando caramelos a Sevilla para que no se asuste con el paso del tiempo, y por eso te dan la exacta seguridad de que hoy, en el mismo sitio, a la misma hora, puedes ver el prodigio de siempre, escuchar el sonido de siempre, oler las fragancias de siempre, sentir lo mismo, pensar lo mismo. Oh, maravilla del tiempo detenido. Cambian la ciudad, atentan contra ella, tratan de disfrazarla de Hannover o de Viena (sin manteca colorá), pero el Domingo de Ramos, Sevilla se rebela, lucha, triunfa. Vence. La Giralda es la Fe Vencedora. Sevilla eternamente vencedora.
Así que, sevillanos, cuando veáis hoy el primer nazareno, haced la solemne protestación de fe en Sevilla, gritando conmigo. «¡Viva el Domingo de Ramos! ¡Y que se mueran los feos!»
Si quieren dibujar esta tristeza, pongan un cielo azul Carretería al caoba del Gólgota en Varflora. Si quieren dibujar Sevilla antigua, pongan cardos y garras de unos zancos. Que sean cuatro pájaros de presa, cetreros de un Calvario entre cornetas, con tambores que rufen primaveras «con la pena cabal de la alegría».
Si quieren detener un tiempo viejo con las flores de lises de San Telmo, miriñaques y encajes de la infanta, y levitas de médicos muy sabios con barbas de krausistas descreídos, y pintores de Corte fandangueros que retratan de majo al Sursum Corda, y vapores que van para La Habana, aprovechen el barco que ahora sale, galeón de caoba de los sueños.
Tiene por Capitán a un Cristo muerto. La amura del costado te deslumbra con esa Luz de Tres Necesidades, escala, mármol, sábanas de Holanda, que una Virgen del barrio va pidiendo y que el sol de la tarde ya le entrega. Sol que llega de un muelle con sirenas de vapores que bajan a Sanlúcar, de goletas que van a Nueva España, de naranjas que son para Inglaterra: las lleva un bergantín donde enarbola la bandera de un seise la Giralda.
En este viejo barrio tonelero donde tiene su Acera la Marina y el Áncora una calle que fondea arenales de Pali y Baratillo, el Cristo capitán del Viernes Santo, de ese barco que al golpe de un martillo levanta una emoción de muchos nudos, de tantos como tiene la maroma de oro viejo que ciñe sus amuras...
El Cristo capitán que manda el barco, ese sueño que encuentras cada Viernes, con su tripulación de Nicodemus, consignatario un tal Arimatea, el práctico del muelle en negro terno lo saca del tinglado sin rozarlo...
El Cristo capitán, venía diciendo, esta tarde en Sevilla desembarca. Y navega otros mares, conocidos. Sus pies clavados echa a nuestra tierra, al albero solemne de los toros, al serrín de fandango en las tabernas, al mármol de columnas de las Gradas, al adoquín que suena con los cascos de las mulas de un carro de Aramburu, al mantillo de rosas que florecen en el jardín cerrado de Mañara.
Cristo en la tierra está, Crucificado. Ha bajado del barco carretero y recorre estas calles marineras: Techada, Antonia Díaz, Adriano, Almirantazgo, Arfe, Dos de Mayo. Y la que lleva el nombre de Pavía, que recuerda al perol de Isabelita y al papelón de estraza donde Juana, de la estirpe más noble del Postigo, escribe pergaminos de grandeza del Arenal, más grande que de España.
Por la puerta que el barrio le abrió a América ya pasa el Capitán, llevado a hombros. Así sacan aquí a los toreros. Tres orejas cortó con su faena, allá en Jerusalén, que es buena plaza, pues cuajó el negro toro de salvarnos.
Son de hombres, de hombros, estas olas que el Cristo carretero va rompiendo. Aunque sin galeón en esta tarde, sin caoba ni nudos de maroma, el Arenal lo embarca ahora en su gloria. Conoce cada hombro que lo lleva. Se sabe tu apellido y tu memoria, el tramo donde siempre arde tu cirio, tu arpillera cargando en la segunda, de costero, en la amura de su barco.
Los cierros y balcones los conoce el Cristo que navega hoy con su gente. Sus lágrimas ha visto tantas veces... El padrenuestro ha oído tantos Viernes... Esta oración que ahora le dirigen le suena tan de siempre, tonelera... La noche cuaresmal no lleva lirios, ni tambores, ni suena una saeta. Lunes por el Postigo. Como entonces. Cristo de la Salud, mi Carretero, permíteme que rece tu plegaria en este Vía Crucis que es la vida: «Salud, Señor, Salud, mi voz ansía, /prométeme que al fin de lo vivido /me espera un cielo azul Carretería».
Sólo faltan cuarenta días para que Sevilla se convierta en sí misma, para que se perfume de su propio perfume, para que desprenda la luz que ella sólo desprende cuando el Sol la ilumina. A tan solo cuarenta largos días de que el sueño vuelva como cada año, a cuarenta días de ver el primer nazareno.
En este tiempo, que se cuenta hacia atrás (porque Sevilla es el único lugar de este mundo en el que el tiempo se resta y no se suma), se producirá la explosión del azahar en los naranjos, el Sol despertará del letargo. Se verán capirotes en bolsas y parihuelas por las calles. Viacrucis, cultos y pregón. También volverá la “rampla” del Salvador…
Bienvenida doña Cuaresma, derrame usted el licor de la primavera para que nos emborrachemos de Sevilla.
Francisco de Asís Palacios Ortega, nace en calle Güines, nº 6-bajo, del barrio sevillano de La Casa de la Moneda, el día 22 de Mayo de 1.928.
Nombre artístico "El Pali", dicho apodo se debe, a que de joven era delgado como un "palillo", pero el pueblo que es soberano, prefiere llamarlo con el sobrenombre de "El Trovador de Sevilla". Hijo de José Palacios Percio (trianero) del popular Corral de la Cerca-Hermosa, y Magdalena Ortega Miró (macarena) pariente de la saga de los Gallos (toreros).
El Pali fue bautizado en la Parroquia del Sagrario de la Catedral Hispalense. Estudia entre otros en el Colegio San Diego ubicado en el Barrio de Santa Cruz. En su manera de ser y ver la vida influye, su profesor y director de dicho centro, D. Carlos Alonso Chaparro. Gran estudiante sobresaliendo sobre todo en dibujo, a pesar de la miopía que padecía desde pequeño. Hace su primera Comunión a los nueve años en la Parroquia de Santa Cruz, cantando por primera vez en público imitando al Maestro Juanito Valderrama.
Gran lector de los Hermanos Álvarez Quintero, Bécquer, y Federico García Lorca.Durante sus vacaciones escolares y en compañía de varios amigos del barrio, interpretan teatrillos de comedias y obras de los escritores antes reseñados, en plena calle para regocijo de los vecinos.
Canta la primera saeta, a la Virgen de la Piedad de su hermandad del baratillo, en el Arco del Postigo, subido en una silla de enea, cuando solo contaba diez años de edad.
Su primer trabajo es en el Diario ABC, pasando posteriormente, a ayudar a su padre en las tareas del Puerto de Sevilla.
Persona muy activa y deportista, practicaba el atletismo (corredor de fondo y de cross), representando a Sevilla durante tres años en el campeonato de España. También le gustaba el ciclismo y el fútbol (bético).
A la edad de veinte años, empieza a tomar su cuerpo, la orandez de su padre.
Por estas fechas y a pesar de la negativa de su padre, empieza a cantar en saraos y tablaos, ganando como aficionado una considerable cantidad de premios. Era un gran cantaor flamenco, (conocía casi todos los palos). Desde ese momento comienza a cobrar en algunas actuaciones, sobre todo en bodas y bautizos.
A partir del año 1.950, figura entre un elenco de artistas, que formaban una compañía y comienza a ser conocido fuera de Sevilla. El resto de componentes de dicho grupo de artistas eran los siguientes: Cantaores Miguel de la Isla y Manolito Rubio, guitarristas Los Hermanos Gutiérrez y humoristas El Gran Simón y Paco Gandia.
En el año 1.968, graba en compañía de Miguel de la Isla y de Joaquín de Paradas su primer disco. El grupo se llamaba Los Rocieros del Quema. La Casa Discográfica fue Emi-Odeón. Un año después graba su segundo y ultimo disco con dicha casa de discos, quedando para el recuerdo, aquellas sevillanas que decían: "Ya no pasa cigarreras por la calle San Fernando....".
En este mismos año graba su primer disco en solitario, en el iban incluidas ocho sevillanas cofradieras y cuatro fandangos de Huelva, fue un grandioso éxito y se agotaron todos los discos al poco tiempo de salir al mercado.....
LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL TOREO...SEGÚN MORANTE DE LA PUEBLA...Y FUE EN SEVILLA
BETIS SI, LOPERA NO
SEVILLANÍA EN...
RETABLOS CERÁMICOS
La Amargura, Fachada del Convento de Sta. Ángela de la Cruz